Especial 15 Aniversario | Mi primera vez en WoW ● Pesadilla

Especial 15 Aniversario WoW, mi primera vez ● Pesadilla

Hoy soy yo, Pesadilla, quien os deja unas cuantas palabras sobre mi primera vez en WoW en esta serie del especial 15 aniversario. Lo suyo sería empezar por el principio pero dado que soy un fanático del género mmorpg podría hacerse demasiado extenso. Para resumir todo un poco se podría decir que yo empecé a jugar a World of Warcraft en su versión Vanilla poco tiempo después de lanzarse al mercado.

Por aquellos entonces yo era un jugador muy habitual de Final Fantasy XI Online, el juego por el que aún sigo suspirando —tanto es así que llevo dos tatuajes en mi cuerpo de él; mi personaje y una parte de su interfaz con el nombre de mis hijos— y que todavía sigo jugando de manera casual. Harto de ayudar a todo el mundo en el título de Square Enix y de que la población española se fuera reduciendo con el paso de los meses, me animé a probar WoW, juego del que todos hablaban.

Frodobolson, mi personaje en FFXI

Recuerdo que fui a comprarlo a una tienda bastante famosa e ir directo a mi trabajo. Yo era el jefe así que me permití el lujo de leerme el manual de instrucciones mientras mis chicos trabajaban. Como trabajaba de noche tuve que esperar a llegar a casa para instalarlo, actualizar el cliente y pelearme con la página de creación de cuentas. De hecho, si mal no recuerdo, creo que no funcionaba nada bien esa característica y tuve que insistir para poder crear la mía.

Comienzo Alianza

Nunca lo negaré, mi primer personaje fue uno de la facción Alianza. Elfo de la Noche y Cazador, el auténtico cliché del momento. Eso sí, ningún personaje élfico o famoso daba nombre a mi elfo de pelo morado, tengo unos principios. Literalmente aluciné con lo que apareció en mi pantalla. Cañada Umbría era realmente preciosa. Estaba acostumbrado a visitar parajes extraordinarios en Final Fantasy XI y a escuchar melodías que atrapan en sus primeros compases, pero la zona de inicio elfa me encandiló. La vista me alcanzaba hasta el infinito, los árboles tenían casitas en lo alto e incluso podía visitar a sus residentes allí arriba. La jugabilidad, al contrario que el mmorpg de Square, era muy básica, sencilla y cómoda para el usuario. Aniquilar jabalíes, lobos y demonios era cosa de coser y cantar y yo pensaba; «¿por qué dicen que este juego es difícil?».

El alucine total vino cuando llegué a Dolanaar y empecé a ver más movimiento, más casas y ¡un árbol gigante creando un gran estruendo con sus pisadas! Aquello era fantástico en lo visual pero también en lo sonoro. Sin embargo creo que no llegué a visitar Teldrassil, o al menos no recuerdo ese punto de mis inicios en WoW. Y eso que en aquellos tiempos no era un chiquillo, tenía ya 25 años. Por lo que fuera, comencé a crear diferentes personajes, entre ellos un brujo humano llamado Savage que fue con el que más exploré el entorno.

Mi trabajo me ha permitido visitar las oficinas de Blizzard. (Especial 15 Aniversario WoW, mi primera vez ● Pesadilla)

Todavía recuerdo cómo un amable jugador español me habló y me comentó si había visitado Stormwind, la ciudad de los humanos. Le dije que no, que todavía estaba haciéndome a la zona de inicio y él, sin pedir nada a cambio, me escoltó hacia aquella impresionante entrada. Allí, delante de las imponentes estatuas, su enorme puerta de acceso y la guardia protegiendo la ciudad, fue donde me enamoré de World of Warcraft. Ni qué decir de la música de Stormwind, me ponía los pelos de punta, ¡apoteósica!

Recuerdo, además, pasar momentos agradables con el brujo. Por ejemplo entrar a Minas de la Muerte por primera vez y alucinar con el arma de un compañero; brillante y refulgente. Le preguntamos cómo su arma emitía una tenue luz roja y nos comentó que las armas se podían encantar. En ese momento todo el grupo quería que su arma brillara, y así fue… terminamos la mazmorra con un grupo que parecía sacado de una discoteca, lleno de lucecitas. Savage se quedó reposando en Montañas Crestagrana y nunca más jugué con él. De hecho todavía lleva ese arma encantada que tanto me flipaba.

Corazón Horda

Los escenarios de la Alianza son preciosos, pero a mi me gustaba algo más gótico, siniestro. Huesillos, mi mago No muerto, fue el que a partir de finales de Vanilla comenzó a ser mi personaje principal. Entre medias me tomé un descanso debido a los errores que por aquél entonces tenía el juego, unos relacionados con desconexiones frecuentes. Con Huesillos no llegué a raidear hasta The Burning Crusade, mi expansión favorita y donde demostré que era muy capaz de ejercer mi rol de mago. De hecho se podía comparar mis aptitudes con los mejores magos de Zul’jin. Malchezaar, Magtheridon, Gruul, Kael’thas, Lady Vashj, Illidan Tempestira e incluso Kil’jaeden probaron mis hechizos de fuego.

Huesillos, mi mago, a la derecha con mi mascota Calabaza. «Especial 15 Aniversario WoW, mi primera vez ● Pesadilla»

Burning Crusade fue mi expansión favorita porque mantenía la mecánica del original y la engrandecía con más adiciones. Los modos heroicos de verdad, poder volar por Terrallende, las mazmorras de banda y poder jugar en castellano fueron algunas de sus delicias. A pesar de que más adelante me incorporaría a clanes como Emerald Dream y Dark Requiem compitiendo por los «Primero del Reino» —e incluso consiguiendo alguno por el camino—, Burning Crusade fue para mí la mejor época de World of Warcraft. Seguramente, si pasas a verme en mis directos, me verás siempre con el título de Mano de A’dal y la montura Oso de guerra Amani.

Adios mago, hola guerrero

Con Huesillos me quedé a un pelo de vaca de ser el primer mago del reino en subir a 80. No lo pretendía pero casi ocurrió. Sin embargo la mecánica de juego de mi clase cambió tanto en Wrath of the Lich King con el hechizo de Pirofrío y los talentos que no terminé de sentirme cómodo. Tampoco ayudó que, a pesar de ser el primero en mi clan en subir al 80 y ser el más equipado, se me ninguneara en raid. No entraba nunca a pesar de ser el oficial de clase. Este inesperado giro de los acontecimientos me hizo replantearme cómo seguir jugando a WoW y acabé en la alianza tras suspirar durante tantos meses por ser un miembro del clan más importante de esa época; Emerald Dream.

Tarutaru vs. Lich King (Especial 15 Aniversario WoW, mi primera vez ● Pesadilla)

Luché y luché con mi gnomo de nombre Tarutaru, un guerrero que apenas se veía con tanta armadura. Lo logré con mucho esfuerzo, fuí uno de los tanques principales de Emerald Dream. Sin embargo el clan se deshizo a los pocos meses de ingresar en él y recalé —junto a más compañeros— en Dark Requiem. Curioso giro también por el hecho de que ya los conocía de Spinebreaker; siempre miraba fascinado cómo atacaban Ventormenta en muchas ocasiones. Tarutaru se convirtió en una vaca e hice con ellos todo el contenido de Wrath of the Lich King.

Fue alucinante ver cómo en muchos momentos de la expansión mi nombre aparecía el primero en muchos rankings de servidores españoles, tanto de avance como de equipo. Con ellos he estado hasta la actualidad, donde aún tengo personajes en el clan, aunque a partir de Cataclysm el grupo ya no fue el mismo y muchos se fueron.

Tras WOTLK, WoW para mí ya no fue el mismo

Tal y como dice el ladillo que presenta estos párrafos, tras WOTLK —e incluso esta misma expansión— el videojuego dejó de fascinarme tanto. Llegaron múltiples ayudas para el jugador, eliminaron muchas características interesantes y el buscador de grupo me quitaba parte de la esencia mmorpg, el género que a mi me enamora. Todo eran ayudas, el mundo se desvirtuaba y pasaba a un segundo plano y el contenido cada vez me atraía menos. He podido raidear en Cataclysm o Legion pero ya no era lo mismo.

El nivel de exigencia que me requería ser miembro de un clan importante era nulo en los que encontraba a posteriori. Muertes absurdas, jugadores que no hacen caso, impuntualidad, cero deferencias con los compañeros y un montón de elementos hacían que me cansara rápido del juego. Por ello, a partir de inicios de Cataclysm, me tomé el videojuego con otra filosofía; entro, disfruto y me voy. Y así he continuado hasta la actualidad.

De hecho en Battle for Azeroth tan solo he jugado tres niveles y, en esa franja, me he aburrido como una ostra. También es cierto que cuando empecé con esto tenía 25 años y ahora 39, casado y con dos hijos. No obstante tampoco lo achaco a la edad, si no al comienzo de la expansión, que para mí no es nada épica ni interesante. Ahora con el fantástico equipo que hemos montado en Noticias Gamer me toca volver de mi retiro espiritual y demostrar que Pesadilla, como tanque, todavía tiene mucho que decir en World of Warcraft.

Espero que os haya gustado mi artículo por el Especial 15 Aniversario, mi primera vez como Pesadilla. Todavía falta alguno más que leeréis en los próximos días así que, ¡estad atentos a la web!

 

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